INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

Abuso, acoso y violación: algunas manifestaciones de la violencia sexual


En el último tiempo se han leído y escuchado múltiples discursos sobre la violencia hacia las mujeres. Se han vulnerado derechos fundamentales para la integridad de mujeres, adolescentes y niñas, y se las ha violentado en diferentes espacios. Por eso para combatir la desinformación, es importante aclarar algunos conceptos. ¿Qué es la violencia? ¿A qué nos referimos cuando hablamos de violencia sexual?


Por Nayla Procopio


Según la ley 26.485 de protección integral de la mujer, se entiende por violencia de género a toda conducta, acción, u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Por lo tanto, podemos entender a la violencia hacia las mujeres dentro de un marco integral que engloba múltiples tipos de vulneraciones a la integridad de la mujer, entre ellas la vulneración a vivir una vida libre de violencia sexual. En este punto, se generan diversas controversias sobre qué entendemos por este tipo de violencia.


Dentro de un sistema machista y patriarcal, como es el nuestro, se nos ha criado bajo la lógica del amor romántico, en el cual las mujeres toleramos todo tipo de violencias “por amor” e incluso debemos tomarlas como un halago hacia nosotras. Se nos ha enseñado a estar siempre dispuestas a tener relaciones sexuales, a que los celos son efectivas muestras de amor, a que el acoso callejero es piropo, a que el amor todo lo puede, entre otras tantas. Es por esto que este tipo de violencia suele pasar desapercibida para la mirada social, que muchas veces juzga y condena fácilmente a la víctima, revictimizándola, sometiéndola a más violencia, y sosteniendo un sistema de abuso de poder y dominación de los cuerpos, que perpetúa una sociedad injusta y desigual para los géneros.


¿Por qué es importante conocer e identificar la violencia sexual? Porque lamentablemente sucede a diario y a nuestro alrededor, sin que muchas veces la notemos. Acontece en las escuelas, las universidades, las calles, en nuestros trabajos, y nuestras casas. La violencia sexual comprende cualquier acción que implique la vulneración en todas sus formas, con o sin acceso genital, la vulneración del derecho de la mujer a decidir voluntariamente acerca de su vida sexual y reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio y otras relaciones vinculares.


Es posible diferenciar claramente tres manifestaciones de violencia sexual que muchas veces, y no inocentemente, quedan desdibujadas: el acoso, el abuso y la violación.


El acoso implica un hostigamiento y persecución sistemática que puede comprender conductas verbales, no verbales, gestos y sonidos. Se sostiene desde una relación desigual de poder y control, que atenta contra la integridad de la víctima, generando miedo, inseguridad, impotencia e intimidación. El acoso comprende la invasión de los espacios personales, mensajes, llamadas, invitaciones, miradas o gestos sistemáticos y persistentes.


Se entiende por abuso cualquier contacto físico no consentido o con consentimiento viciado por las circunstancias. El abuso comprende la violencia sexual con tocamientos corporales no consentidos pero también aquellos que impliquen un forzamiento a hacer algo no querido, como por ejemplo masturbarse, desvestirse o filmarse. El abuso sexual siempre implica violencia, aunque esta no siempre es visible fácilmente. Muchas veces, está velada por relaciones engañosas, manipuladoras y coercitivas, que simulan protección pero que esconden abusos coactivos e intimidatorios dentro de relaciones de dependencia, autoritarismo y asimetrías de poder.


La violación implica un abuso con penetración de la zona vaginal, anal u oral, ya sea con objetos o partes del cuerpo. Es una de las vulneraciones de derechos más radical que afecta la integridad de las personas y genera grandes daños físicos, psíquicos y emocionales.


Muchas veces se tiende a pensar que estas tres figuras de la violencia sexual se dan en el marco de violencia física que suceden de manera abrupta e inesperada entre personas desconocidas, generalmente de noche y en ambientes poco transitados. Sin embargo, la mayoría de las veces esto no es así. Según un estudio realizado por Unicef[1], se estima que 1 de cada 5 niños/as son abusados/as por un familiar directo antes de los 18 años. Y que 7 de cada 10 niñas que fueron abusadas física o sexualmente no se lo contaron a nadie, ni buscaron ayuda. Estos datos reflejan la compleja trama de la violencia y el silencio al que son sometidas las víctimas, ya que muchas veces también se encuentran con dificultades al pedir ayuda. Según un estudio realizado por Bringiotti y Raffo[2], un 22% de los niños entrevistados pidió ayuda y no la recibió o fue inadecuada, y solo a un 16% que pidió ayuda, le creyeron. Esto demuestra las múltiples barreras con las que se encuentran las víctimas de violencia sexual y la dificultad que implica romper el silencio, ya que muchas veces no se las escucha, se desmienten sus relatos, las revictimizan, y se las señala.


Si bien en el último tiempo la violencia ha sido y es cada vez más visibilizada, aún sigue presente la desinformación, el juzgamiento y la revictimización. Por eso es importante que como sociedad no miremos para un costado y frenemos la violencia machista y patriarcal, deconstruyendo los estereotipos de género, las asimetrías de poder y las desigualdades que nos limitan y vulneran día a día. Que podamos acompañar, con escucha, compromiso e información a las víctimas de violencia, y que pongamos el foco de atención en los victimarios y en los modos de construcción de sociedades sin violencia, con igualdad de género y soberanía sobre nuestros propios cuerpos.

[1] Unicef, “Ocultos a plena luz. Un análisis estadístico de la violencia contra los niños”. Septiembre 2014.


[2] Bringiotti, María Inés y Raffo, Pablo “Abuso sexual infanto juvenil”. Revista el derecho de familia Nro 46. Buenos Aires, julio‑agosto 2010.


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