INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

A 50 años de Stonewall

Hay palabras, nombres y lugares cuya historia retumba a través de los tiempos. Donde las semillas de la libertad fueron plantadas por heroicas personas que dejaron todo de sí en su lucha. Protagonistas que frente la injusticia descubrieron que no podían darse el lujo de ser neutrales. Esto sucede con los disturbios ocurridos frente a The Stonewall Inn, aquél icónico bar ubicado en el Greenwich Village de Nueva York, en 1969.


Por Luis Eduardo Esquivel


Para entender que sucedió es importante recordar el Estados Unidos de 1969, que a pesar de proclamarse “La Tierra de las Libertades” se asentaba sobre la opresión y discriminación de varios sectores (práctica que continúa hasta nuestros días). El movimiento antibélico y de los derechos civiles coexistía con un sistema represivo contra grupos considerados peligrosos por los grupos hegemónicos. En ese contexto la comunidad LGBT+ no se encontraba excluida de dicha discriminación, sin ir más lejos en los 50 la Sociedad Americana de Psiquiatría catalogó la homosexualidad un desorden mental. Era un mundo donde el espionaje y brutalidad estatal y social contra la comunidad no eran la excepción.


El 28 de junio de 1969 se realizó un operativo policial en el bar. Este tipo de actos era común en la época: se encendían los luces, se requería las identificaciones de las personas que se encontraban en el lugar, y se procedía a realizar arrestos a aquellas personas que la autoridad policial consideraba en base a su discrecionalidad por violentar los canones sociales vigentes.

Aquel 28 de junio, mientras procedían a realizar los arrestos los testigos narran que el descontento social se sentían: insultos a las autoridades, expresiones de hartazgo ante la opresión institucionalizada, y el anhelo de todos los presentes de vivir su vida con la más plena libertad e igualdad.


El momento que desencadenó disturbios de Stonewall, se produjo cuando una de las mujeres arrestadas tras recibir un golpe de un policía miró a los presentes y esbozó una simple pregunta “¿Por qué no hacen algo?”

Los presentes decidieron enfrentarse a las autoridades con los recursos que tenían a mano y dieron inicio a los denominados Disturbios de Stonewall que duraron 3 días. Esta manifestación constituye un hito importante en la historia por la conquista de los Derechos Humanos, y por ello desde 1970 se celebra en el aniversario de este hecho la Marcha del Orgullo, en homenaje a aquellos que se enfrentaron a la injusticia del sistema. Aquellos que tenían poco y nada para perder, y mucho para ganar.


Sin embargo, uno se puede preguntar, ¿sirvió para algo? En una primera, mirada, podríamos decir que sí. Al menos en occidente vivimos en una sociedad más justa e integradora que hace 50 años. Sería injusto ignorar los avances legislativos y sociales, en Argentina contamos con la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, etc. 30 países de la comunidad internacional reconocen al matrimonio igualitario, existen exponentes de diferentes partidos señalando y luchando para disminuir las desigualdades raciales, de género, y de clase.



Sin embargo, los dinosaurios aún no han desaparecido. Sino, todo lo contrario, en los últimos años se ha visto el ascenso y fortalecimiento de figuras de extrema derecha que niegan derechos fundamentales de las personas. Y no hace falta mirar a LePen en Francia u Orban en Hungría. Tenemos nuestros propios dinosaurios: Granata, Laje, Márquez, y un número cada vez más extenso.


Aunque las redes se llenen de memes graciosos sobre ellos no debemos perder de vista la peligrosidad del discurso de odio que fomentan. El 9 de junio una banda de personas enarbolando simbología nazi interrumpió y atacó una movilización LGBT en Detroit. El 23 de marzo grupos “provida” se movilizaron en Tucuman pidiendo no sólo el rechazo al Derecho Humano del aborto legal, seguro y gratuito, sino también el cierre del INADI y la derogación de una serie de leyes fundamentales para el reconocimiento de los derechos fundamentales.


El aniversario de los disturbios nos recuerdan que los derechos no se mendigan, se conquistan. Pero una vez conquistados se debe luchar día a día para conservarlos y ampliarlos, en honor de los que nos precedieron, en defensa de quienes hoy son oprimidos y como legado a los que vendrán. En un contexto donde el discurso hegemónico busca imponer la indiferencia mediante la despolitización y la negación de identidades colectivas, mientras las injusticias se multiplican se sigue escuchando aquella voz que desde las puertas de The Stonewall Inn nos increpa a todos:


“¿Por qué no hacen algo?”


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