INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN

18M: La mañana que lo cambió todo

El 18 de mayo de 2019, a las 9 a.m., un video subido por Cristina Fernández de Kirchner a sus redes sociales daba origen a uno de los acontecimientos políticos y electorales más inesperados de las últimas décadas en nuestro país: la ex presidenta anunciaba su candidatura a la Vicepresidencia de la Nación, dejando el puesto de candidato a Presidente a Alberto Fernández. En esta nota, repasamos los principales hitos en torno a una de las estrategias electorales más relevantes del siglo XXI.


Por Martín Gomez

Una jugada digna de Kasparov

“Así pues, los buenos guerreros toman posición en un terreno en el que no pueden perder, y no pasan por alto las condiciones que hacen a su adversario proclive a la derrota”. (Szu Tzu, El Arte de la Guerra).

A continuación, analizaremos la estrategia electoral desarrollada por el Frente de Todos, partiendo de aquel 18 de mayo del año pasado en el que Cristina Fernández de Kirchner dio a conocer a través de un vídeo que acompañaría la fórmula presidencial de Alberto Fernández desde el rol de candidata a Vicepresidenta.


Ante todo, debemos señalar que la estrategia es un todo en la campaña electoral: desde definir el posicionamiento frente al electorado hasta reconocer la ubicación frente a las coyunturas políticas, sociales y económicas. En función de ello, se gestan los ejes que predominarán en el mensaje que se desea enviar, y a qué público estará dirigido.


Pareciera ser una anomalía que, como ocurrió en este caso, la imagen pública de la candidata a Vice empujase más que la del candidato a presidente. Entonces, ¿por qué decidió correrse de la carrera presidencial? Ya en los primeros días de mayo del 2019, los diferentes escenarios propuestos por las encuestadoras daban ganadora a Cristina por sobre Macri, aunque en ningún caso con un amplio margen que pudiera sortear la segunda vuelta. Ahí estaba el dilema: cómo ganar sin tener que llegar al ballotage. La carrera hacia el sillón de Rivadavia era una disputa muy polarizada entre Macri y Cristina, ya que entre ambos superaban el 60% de la intención de votos. Pero, además, también debían lidiar con un importante techo de votos: el 30% del núcleo duro del adversario que nunca votaría por el otro. Frente a este escenario, se podría llegar fácilmente a la conclusión de que solamente con el núcleo duro de votantes era imposible ganar la elección (o al menos no en primera vuelta).


Hasta entonces, parecía que se llevaría a cabo una elección con polarización de dos extremos opuestos, dejando mucha incertidumbre en cuanto a qué haría el centro. Podemos definir a la polarización como una lógica de dos masas opuestas que chocan y se retroalimentan mutuamente. En este caso, del mismo modo que de la tesis surge la antítesis, Macri necesitaba de Cristina como Cristina de Macri. La pregunta, por lo tanto, era la siguiente: ¿cómo atraer al electorado del centro? O, en otras palabras, a los indecisos.


Cristina ya sabía de antemano que debía enamorar a los electores del centro. Por ese motivo, para las elecciones de medio término en octubre de 2017 (en la cuales se candidateó como Senadora Nacional por Buenos Aires) amainó su imagen y su discurso belicoso por uno más conciliador. Aunque logró acceder a la banca de la Cámara Alta con el 37% de los votos, quedó en segundo lugar. Sin dudas, el camino le estaba mostrando que iba a necesitar algo más.

Si bien Cristina y Alberto tuvieron diferencias y durante varios años se mantuvieron distanciados, mantienen una relación de amistad desde hace décadas. Foto: La Gaceta

El quiebre de la polarización

Con la estrategia de proponer a Alberto Fernández como candidato presidencial y quedar ella como candidata a vice, Cristina resolvió muchos problemas. En primer lugar, mantuvo su piso electoral, que rondaba entre los 34 y 37% de intención de votos. A su vez, rompió la dicotomía Macri vs. Cristina: aunque participó acompañanado la fórmula, el candidato a presidente fue Alberto; y, en un sistema presidencialista como el nuestro, ello se vuelve muy relevante. En este punto, debemos recordar que el presidencialismo se caracteriza por dos aristas: la primera, que es de suma cero, y la segunda, que es eminentemente personalista.

Al quebrarse la polarización Macri-Cristina, el golpe por golpe ya no servía. ¿A quién iba a golpear Cambiemos? ¿A Alberto, un hombre sin ningún proceso penal ni causa mediática? ¿Un profesor de la UBA que saca a pasear a su perro todas las mañanas? El Frente de Todos aprovecharía esta imagen del tipo común durante la campaña.


Por otro lado, a partir de esta movida, se logró acercar a parte del Peronismo Federal al naciente frente electoral, incluyendo también a una figura central: Sergio Massa. De este modo, se mataron dos pájaros de un tiro: por un lado, se acercó a los votantes del centro y, por el otro, se rompió la posible alianza electoral –Alternativa Federal– que vaticinaba en ser la que “destruiría” la polarización.


Como mencionamos más arriba, la coyuntura jugó un papel fundamental. Cambiemos seguía con el juego polarizante y con la estrategia de sacar a relucir los temas de la agenda electoral del año 2015: corrupción y seguridad. Pero la arena electoral había planteado una nueva agenda, con corridas cambiarias, desempleo y un riesgo país que había superado los mil puntos en junio. En 2019, las inquietudes de las ciudadanía eran otras: economía y empleo. En ese contexto, reaparece la figura de Alberto Fernández, ex Jefe de Gabinete de Ministros durante la presidencia de Néstor Kirchner, que tuvo que sortear problemas similares en 2003. La persona encargada de conciliar entre el Gobierno de turno y las tres esferas del poder: grandes empresarios, campo y medios de comunicación.

Imagen utilizada en la fórmula presidencial de 2019 por el Frente de Todos. Foto: Frente de Todos

Mucho más que un simple slogan

La estrategia de proponer a Alberto, una figura conciliadora y ubicada en los márgenes de la grieta, se ve reflejada en los slogans de campaña empleados: “Es con todxs” y “Volver a poner a la Argentina de pie”. El primero claramente invita a participar a todos los sectores: más allá de la apelación a la diversidad (el uso de variantes como “todxs” o “todes” en los afiches y spots), se incluye al electorado indeciso, al centro y al peronismo federal; además, rompe con la “grieta”, ya que incluso invita a participar a ellos. Con el segundo, apela a la idea de “vamos a ponernos de pie, vamos a salir del fondo, del desastre económico”: una referencia directa a la coyuntura del momento.


La estrategia fue acertada: el anuncio fue sorpresivo y se logró ejecutar un golpe decisivo. En efecto, actuaron de acuerdo a la teoría sobre campañas electorales que plantea que siempre el challenger (aspirante) debe atacar primero (Carletta et. al, 2011); y no solo eso, sino que además se hicieron invisibles ante los ojos de los adversarios.


El resto de la historia es conocida. Vimos lo que ocurrió finalmente en las PASO de agosto pasado: un Frente de Todos que obtuvo un 47,66% de votos contra un 32,09% de Juntos por el Cambio, unos 14,76% de diferencia de votos que iban a ser inalcanzables para Macri y su equipo. En las generales de octubre, esta victoria volvería a repetirse (aunque con una diferencia menor de puntos): 48,10% para Alberto Fernández, frente a 40,38% de Mauricio Macri.


Podemos decir que se cumplió una de las máximas fundamentales de Sun Tzu: “la mejor victoria es vencer sin combatir”.

Foto: Nicolás Aboaf

Bibliografía:


Carletta, I., Crespo, I., Garrido, A., & Riorda, M. (2011). Manual De Comunicación Política Y Estrategias De Campaña (1.a ed.). Buenos Aires, Argentina: Editorial Biblos.


Tzu, S. (2018). El Arte de la Guerra (Clásicos Universales). Zaltbommel, Países Bajos: Van Haren Publishing.



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